lunes, 7 de septiembre de 2009

El fin.(Última parte del cuento posteado anteriormente).

Observo a ese hombre ya derrotado tirado frente a mí, tembloroso, preso del pánico. Luego de saborear el momento por un rato decido darle fin de una vez, me arrimo con lentitud, midiendo mis pasos, presionando el puño que sostiene el cuchillo. Con torpes movimientos intenta darse a la fuga, gateando de espaldas con desesperación, dejando en el piso la marca de su hedor, un hedor digno de un puerco, un puerco que conoce su inevitable fin, y sangre… esa sangre.
Me acerco sin apartar nunca la vista de sus ojos, intento no prestar atención a las rojas manchas en el piso, las cuales producen una fuerte consternación en mi, consternación e ira. Siento una repentina presión en el pecho y una incontenible lágrima, producto de intensas y diversas emociones recorre mi mejilla derecha.
“Ha llegado tu hora, ha llegado tu hora. Pagarás por lo que has hecho.”
El sigue arrastrándose hacia atrás, pero a paso firme logro acercarme, comienzo a inclinarme sobre el y preparo la estocada. Esta acabado.
Un sorpresivo sonido llama mi atención, pequeños pasos presurosos se aproximan por el pasillo y una voz fina me llama “papi, papi, ¿Dónde estas?”, pude sentir el temblor en su llamado. Los ruidos deben haberla despertado. “¿Y ahora que? ¿Conocerá ya mi pequeño ángel la suerte que corrió su madre en manos de este cerdo? ¿Cómo puede alguien así tan solo tomar una vida sin un fuerte motivo? El no poseía uno como el mío”.
Todas estas ideas recorrían mi cabeza en ese instante, distrayéndome y provocandome voltear. “¡Vuelve ya a tu cuarto mi vida!, papi esta bien”.
Un fuerte dolor sacude mi pierna. El impacto provoca mi caía, y con una rodilla al piso vuelvo la mirada y puedo ver a esa mierda de persona sujetando una escoba. La ira dentro de mí se acrecienta y lo miro con rabia mientras vuelvo a levantar mi puño armado pero otro rápido envión impacta mi rostro y me desplomo. Giro adolorido sobre mi espalda e intento levantarme, ya no se donde esta el cuchillo y por el rabillo del ojo puedo ver a mi niña parada aterrorizada, sujeta al marco de la puerta. El sujeto se me pone encima y me sujeta con su peso contra el piso, fuertes golpes comienzan a llegar a mi cara, una y otra vez con fuerza. La sangre que sale de mi frente me ciega y ya solo percibo el lloriqueo de mi ángel.
“Las cosas no deberían haber pasado de esta manera. ¿Y ahora que será también de mi hermosa niña indefensa? Fui incapaz de proteger a mis amores, mis más preciados obsequios de la vida, un terrible error, un horroroso pecado.”
Un golpe tras otro y con fuerza, siguen llegando e intento cubrirme como puedo pero ya no me quedan fuerzas. Ya casi no siento dolor, no me percato de él. Al segundo deja de golpearme, pero no parece haber terminado allí.
Estoy al borde de la inconciencia, pero aún así noto que esta persona, si es que así puedo llamar a tal cosa, que hace un rato paso de ser mi presa a ser mi predador, se inclina y recoge algo del piso. Vuelve a tumbarse sobre mi y una sensación fría se posa en mi pecho, primero fría, luego punzante, muy dolorosa. El cuchillo entra lentamente en mi carne y ya no hay nada que pueda hacer. “Dios por favor protege a mi niña, protege a mi niña…”

2 comentarios:

  1. A pedido de Cris. Te quiero muchísimo nena. :)

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  2. ohhhh gracias cocott!!! ^^

    muy 'linda' historia =)


    yo te quiero un monton cocot!!!

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